Archive for septiembre, 2010

Las pequeñas curas del Feng Shui


2010
09.26

   Antes de emprender cualquier análisis Feng Shui de nuestra casa y de intentar aplicar curas a los posibles problemas que encontremos será necesario comprender y “digerir” la esencia filosófica que se esconde detrás del Feng Shui: todo es energía. No sólo las fuentes más obvias de energía, como la electricidad, sino todo, absolutamente. Tanto lo que vemos, como lo que somos, lo que comemos, lo que decimos, lo que olemos y hasta lo que pensamos.

   Cuando hayamos interiorizado esta realidad estaremos en disposición de contemplar nuestra casa y toda nuestra vida, así como nuestro comportamiento y nuestras relaciones (con otras personas, con el dinero, con nuestro propio cuerpo, con la salud, con la comida…) bajo un nuevo prisma muy revelador. Sin duda descubriremos cosas de nosotros mismos que ni siquiera sospechábamos.

   Teniendo en cuenta este principio fundamental entenderemos enseguida cuáles son los elementos que pueden “curar” un ambiente con mala energía: el sonido, el color, el movimiento, la luz, el agua, el olor, el fuego… los proveedores más básicos de la energía.

Arquitectura agresiva


2010
09.26

   El Feng Shui presta especial atención a lo que se conoce con el poético nombre de “flechas envenenadas”, un término que hace referencia a toda clase de estructuras (arquitectónicas, naturales o decorativas) que parecen amenazar a nuestra casa o a nosotros mismos.

   Lo primero que debemos hacer para localizar posibles amenazas de este tipo es observar con calma el entorno de la casa, el barrio, los edificios que hay enfrente y todo aquello que se percibe desde nuestras ventanas o balcones.

   Quizá, como en esta foto, encontremos un elemento especialmente puntiagudo, agresivo, que apunta hacia nuestra casa. Si es así, no será raro que se hayan registrado problemas de salud, de relaciones o económicos en nuestro historial.

   ¿Por qué? La razón está en que este tipo de estructuras agresivas (pueden ser troncos de árboles, esquinas de edificios, rejas, farolas, columnas, pilares…) están constantemente enviando energía negativa hacia aquello que tienen enfrente. Si enfrente está nuestra casa, especialmente la puerta de entrada, toda la energía que penetra en nuestro hogar vendrá viciada desde fuera.

   Si observamos la arquitectura tradicional china, veremos que inevitablemente los tejados (estructuras que tienden a adoptar formas agresivas hacia el entorno que los rodea) evitan  terminar en punta y se giran hacia arriba.

   Es un elemento decorativo, pero también esconde un significado más allá de lo puramente estético. El tejado tradicional chino lanza la energía hacia arriba, la dispara por así decirlo, para crear con este movimiento un remolino de energía vital que alimente el entorno, en lugar de atacarlo, como a menudo hacen los tejados de la arquitectura occidental.

   Éste es sólo un detalle, pero muy significativo, porque viene a recordarnos que las fuentes de energía negativa pueden estar en cualquier parte, incluso donde ni siquiera las vemos. Localizarlas y neutralizarlas será una tarea primordial de nuestro trabajo Feng Shui.

Interiores “atiborrados”


2010
09.21

Aunque personalmente me encantan las casas victorianas y sus interiores, llenos de objetos inspiradores, cuadros, libros, papeles pintados, lámparas de cristal, alfombras, techos con molduras y toda clase de muebles, adornos y accesorios, la verdad es que desde el punto de vista del Feng Shui el estilo “atiborrado” es el otro extremo del minimalismo feroz. Y como todos los extremos, se considera poco equilibrado.

Muchos de nosotros tendemos de forma exagerada a la acumulación de cosas. Incluso cosas que no nos gustan y que conservamos y exhibimos en casa porque nos la regaló no sé quién. Si consideramos nuestra casa como un santuario deberemos rodearnos únicamente de objetos, muebles y obras de arte que nos gusten, que nos traigan recuerdos positivos y excelente energía.

Uno de los conceptos del Feng Shui más importantes es el tai-chi, la esfera que contiene en su interior la dosis exacta de energía yin y energía yang en perfecto equilibrio y en continuo movimiento. Es algo de deberíamos intentar reproducir en el interior de nuestro hogar (también en el jardín y en la oficina). Combinar con armonía la luz y la sombra, los espacios llenos y los vacíos, el sonido y el silencio, los colores brillantes y los tenues, las superficies duras y las suaves… creando un equilibrio que imite a la naturaleza.

Los interiores “atiborrados” tienen poca energía yang porque ésta apenas puede circular, los colores demasiado oscuros y la escasez de luz y de vía libre para la circulación provocan muchos estancamientos de la energía, que acaba por deteriorarse, convirtiéndose fácilmente en negativa. En ellos, además, suele acumularse el polvo porque son lugares difíciles de mantener limpios por la enorme cantidad de cosas que hay.

Se impone pues un cambio de perspectiva. Al menos como prueba, a ver si mejora nuestra vida después de introducir ciertos cambios. Despejemos el espacio, eliminemos las cosas inservibles, viejas, rotas o feas. Abramos las cortinas y las ventanas, dejemos que el aire de la mañana entre cada día en casa y con él la luz y la energía nueva (si procede del Este, mejor). Si las paredes resultan demasiado oscuras, será bueno pintar para renovar la energía, así como imponer el orden, la higiene y cierta sensación de equilibrio y armonía en la disposición de los muebles y los objetos.

Aunque no sea necesario transformar nuestra casa es un paisaje minimalista, sí será bueno encontrar un punto medio entre el atiborramiento total y el puro vacío blanco. En ese punto de equilibrio es donde se crea y se acumula la mejor energía.