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Halloween


2010
10.28

   Aunque hasta hace poco era una celebración completamente ajena al mundo latinoamericano y mediterráneo, la influencia del cine y la televisión norteamericanas ha convertido a Halloween en una fiesta más a incluir en el calendario, con su vertiente consumista, sus películas de miedo y las divertidas calabazas.

   Mayoritariamente disfrutada por niños y adolescentes de forma completamente pueril, la fiesta tiene profundas raíces, como casi todo lo que celebramos siguiendo un calendario que marcaron nuestros antepasados hace siglos (o milenios). Así que ¿qué se celebra exactamente en Halloween?

   La palabra deriva de la expresión inglesa All Hallow’s Eve, que significa Víspera de Todos los Santos, aunque esta denominación se colocó ya durante el cristianismo, porque el calendario cristiano solapó las más importantes celebraciones paganas disfrazándolas con nombres de santos o vírgenes. Con el paso de los siglos se olvidó el origen primitivo de aquella fiesta y se impuso la festividad cristiana: Navidad, Semana Santa, San Juan, Todos los Santos…

    El ser humano ha celebrado siempre lo mismo: LA VIDA.

   Así que cuando el otoño se precipita hacia el invierno y empieza a faltar la luz, los frutos escasean, el frío se impone y muchos animales parecen morir porque emprenden su hibernación, el ser humano primitivo se asusta, teme no ser capaz de superar esa etapa difícil en la que es complicado alimentarse, protegerse de las fieras y sobrevivir. El invierno simboliza el reino de la muerte, que terminará en primavera, cuando estalla de nuevo la vida.

   Es en esta época otoñal cuando surgen las calabazas, una fruta preciosa que posee una explosión de color naranja: el color del sol, de la pura energía, de la vida. Se impone inconscientemente como un símbolo de la esperanza del renacimiento de la naturaleza, de una primavera que llegará pronto llena de vida. Si le ponemos una vela dentro, la energía vivificante será todavía más poderosa.

   Hoy Halloween viene lleno de brujas, murciélagos, fantasmas y sustos, que no son más que las representaciones de lo que más miedo nos da y nos ha dado siempre: la muerte. Reírse con esta fiesta, llenar la noche de velas y calabazas, rodearse de amigos y disfrutar es una manera alegre y divertida de darle la espalda a ese “reino de la muerte” que es el invierno y esperar con serenidad una primavera que llegará antes de lo que pensamos.