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Gran Limpieza Anual: ¡manos a la obra!


2018
02.04

Los chinos de todo el mundo están a punto de festejar el día más importante del año: la llegada del Año Nuevo, que será el 16 de febrero, cuando comience el Año del Perro de Tierra. Para nosotros los occidentales el año nuevo comenzó hace ya varias semanas, pero ellos se rigen tanto por el calendario solar (que usamos nosotros) como por el lunar y por eso las fechas son diferentes.

Como decimos, apenas faltan unos días para el Año Nuevo, pero todavía hay algunas cosas que los chinos tienen que hacer antes de que llegue esa fecha. Y una de las más importantes es una tradición conocida como la Gran Limpieza Anual o Limpieza de Primavera. ¿En qué consiste? Es fácil adivinarlo: hay que limpiar la casa a fondo.

Se trata de un ritual porque en esa limpieza se intenta desprenderse de todas las energías gastadas del año que termina y también de una limpieza común y corriente porque prepara la casa (también el jardín y la oficina) para dar la bienvenida a las nuevas energías. Veamos cómo hacerlo.

Según la costumbre china, conviene hacer la Gran Limpieza Anual hasta dos días antes de la entrada del Año Nuevo, de modo que allí se hará antes del día 13 de febrero. Las fechas consideradas propicias son el 7, 9, 10 y 13 de febrero. Pero quizá no nos baste un solo día para acometer una limpieza de estas características, por lo que yo prefiero ir haciéndola con más tiempo y menos prisas. Empecemos por revisar la puerta de entrada de la casa. Si delante tienes un jardín, porche o camino, también debes ocuparte de él y de la vegetación que le rodea.

De cara al exterior, revisaremos bien la puerta de entrada y todas las puertas secundarias que podamos tener. Si necesitan algún arreglo o pintura, debemos hacerlo ahora.También conviene añadir algo de aceite o grasa a las bisagras y comprobar que no arrastran. Por supuesto, hay que limpiarlas. Lo mismo para todas las ventanas: los cristales deben quedan muy limpios, para que la nueva energía de 2018 pueda colarse dentro de casa sin obstáculos.

Una vez dentro, vayamos recorriendo cada estancia fijándonos bien en todo lo que necesite una reparación, pintura, orden o limpieza. No nos quedemos en la superficie. Este es el momento de abrir cajones, armarios y cajas, mirar dentro, comprobar que todo lo que guardan es útil y se encuentra en buen estado. Si no es así, podemos donar las cosas que ya no nos sirven y tirar las que son inservibles. Limpiemos bien el interior de todos los armarios.

Será una tarea larga y pesada, porque hay muchos rincones a los que no solemos prestar demasiada atención a lo largo del año. Pero pronto comprobaremos que deshacernos de algunas cosas, reparar lo que está roto, ordenar y limpiar a fondo toda la casa renueva por completo la energía. Aprovechemos para encender una barrita de incienso, comprar un ramo de flores frescas y quizá cambiar algún cojín, un adorno o un cuadro. La casa lucirá como nueva.

Recomiendo, además, convertir este tedioso trabajo físico en un ritual de renovación espiritual y mental. ¿Cómo hacerlo? Siendo conscientes, mientras limpiamos, de lo que queremos y de lo que no. Hacer un examen interior para saber qué situaciones o personas presentes en nuestra vida merecen salir para siempre y qué cosas deseamos que entren en ella. Igual que nos deshacemos físicamente de lo que está roto y de la suciedad y el deterioro en nuestra casa, podemos hacerlo mentalmente con las cosas que ya no deseamos que formen parte de nuestra vida. Es el momento perfecto para tomar decisiones y romper algunas rutinas que no nos traen nada bueno. Luego podemos plantearnos qué queremos de verdad y empezar a perfilar la estrategia para conseguirlo. ¡Nos sentiremos como nuev@s!