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La importancia de tu energía personal


2014
03.29

   Tanto en el Feng Shui como en muchas otras disciplinas, se habla a menudo de “energía” porque es el trabajo con esta sustancia invisible lo que nos permite garantizar que la atmósfera de nuestra casa será saludable y beneficioso para nosotros o, por el contrario, pueda resultar nocivo y perjudicial.

Esto es aplicable al entorno de nuestro hogar, centro de trabajo o lugar de reunión. Es decir, en espacios cerrados donde la energía se concentra “atrapada” por las paredes, el suelo y el techo. Sin embargo, dentro de nuestro propio cuerpo también contenemos energía. Es, de hecho, el “motor” de nuestra vida, lo que nos permite hacer cosas, pensar y vivir.

¿Cómo entra la energía dentro de nuestro cuerpo? Es una pregunta importante, porque siendo conscientes de cómo “alimentamos” nuestro cuerpo, sabremos si lo estamos haciendo bien, regular o mal. Pues de la calidad de la energía que “ingerimos” dependerá la calidad de nuestra salud, nuestro sueño, nuestra vitalidad y hasta el tono de nuestros pensamientos. Detrás de todo eso se esconden cosas importantísimas, como la calidad de nuestras relaciones, de nuestro trabajo y de las metas que seamos capaces de conseguir.

Veamos pues cómo metemos cada día energía en nuestro cuerpo. Hay tres fuentes:

  • la comida y la bebida
  • la respiración
  • el entorno que nos rodea

   La primera recomendación entonces es empezar a ser conscientes del tipo de energía que acumulamos en el cuerpo. Y esto empieza por la alimentación: cuanto más sana, natural y equilibrada sea nuestra alimentación, mejor será la energía que tenemos dentro. Lo segundo es algo que parece tan sencillo que nunca hemos tenido que aprender a hacer: respirar. Pero no lo es. Muchas personas respiran mal, sólo superficialmente, demasiado rápido y con la parte alta de los pulmones. Dedicar unos minutos cada día a respirar despacio y profundo es una excelente idea que automáticamente calmará nuestro estado de ánimo. Hacerlo justo antes de irse a dormir garantiza un sueño reparador.

Y finalmente tenemos la parte más decisiva: nuestro entorno. Y es decisiva por dos razones. Porque la calidad vibracional de la energía que nos rodea es lo que determina en mayor medida cómo nos sentimos y porque es algo que ya no depende tanto de nuestras acciones.

Así que aquí se encuentra el verdadero reto: conseguir que nuestro entorno sea positivo y nutritivo para nosotros, algo complicado cuando vivimos en una ciudad llena de estrés, prisas, actitudes agresivas o trabajamos en una oficina donde no existe compañerismo ni buen ambiente y apenas se valora lo que hacemos. Las relaciones entonces cobran una importancia trascendental, porque es muy fácil que nuestra energía se desplome cuando recibimos insultos, presiones, amenazas, críticas o cualquier clase de negatividad por parte de las personas que nos rodean y mucho más si son nuestros seres queridos.

    ¿Qué hacer entonces? 

   Hay dos cosas que podemos hacer para “digerir” de forma saludable la energía negativa que nos rodea. La primera es incrementar la calidad de nuestra propia energía, porque se sabe que cuando nuestra energía vibra de forma saludable y a una frecuencia elevada, atraemos personas y situaciones de esas misma frecuencia vibratoria. Entonces debemos saber qué es lo segundo que podemos hacer: controlar la forma en que reaccionamos ante un entorno complicado.

La mayoría de las veces es imposible controlar lo que ocurre a nuestro alrededor. Si somos testigos de una pelea o cualquier situación complicada, tenemos dos opciones: podemos dejarnos involucrar y contaminar por esa energía negativa que se desprende de la situación. O bien podemos controlar nuestra reacción y no involucrarnos, dejando que esa energía negativa pase de largo y no entre dentro de nuestro cuerpo y nuestra mente.

Para conseguir este “aislamiento” energético debemos ser conscientes de todo lo que nos rodea y tomar la decisión de no contaminarnos con cuestiones que, simplemente, no nos afectan. Las noticias en la radio y la televisión, los chismorreos de las vecinas, las traiciones en el mundo laboral, las envidias… todo eso que nos llega a diario puede convertirse en humo si decidimos no prestar atención y no participar. Es la mejor decisión que puedes tomar.

Evitar el estrés, el agobio, la ansiedad… es la clave para salvaguardar tu energía. Es primordial también crear dentro de tu hogar un ambiente sereno, saludable y pacífico, a través del orden, la limpieza, los objetos hermosos y un buen Feng Shui. Asi por las noches, cuando llegas cansad@ a casa, encontrarás allí un santuario energético capaz de recargarte para otro día más.

   Disfrutar de la naturaleza, el mar, los bosques, las plantas… todo ello contribuye a mejorar tu energía. Intenta acercarte a menudo a esos entornos. Haz deporte, camina vigorosamente, salta, corre… eso te ayuda a desprenderte de las energías viejas y renovarlas a través de la respiración y el sudor. Rodéate de personas que alimentan tu buena energía y aléjate de las personas negativas, criticonas, quejosas, envidiosas… no te aportan nada bueno. Elige buena música para escuchar y anímate a cantar y bailar con libertad, recargándote de buenas vibraciones. La alegría, la espontaneidad y la ilusión son magníficas medicinas para el cuerpo y para el alma.