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La energía que más nos conviene


2014
02.22

Cuidar la energía personal


2013
12.02

   Los apasionados del Feng Shui solemos pensar que cualquier problema que se presenta en nuestra vida es consecuencia directa de algún desequilibrio en las energías de nuestra casa y corremos a intentar ponerle remedio. Muchas veces es así, pero a menudo olvidamos que la principal fuente de energía que entra en una casa procede de las personas. Es decir, somos nosotros mismos quienes aportamos la mayor cantidad de energía a nuestro hogar.

Por eso hoy quiero incidir en un tema crucial: cuidar la calidad de nuestra propia energía. Si garantizamos que nosotros mismos emitimos energía positiva y limpia en grandes cantidades, sin duda nuestra casa gozará de una atmósfera más radiante y nuestra vida en general marchará mejor. Luego podremos hacer los ajustes necesarios a través del Feng Shui siempre que detectemos un desequilibrio en algún lugar de la casa.

Así que vayamos por partes. ¿De qué depende la calidad de nuestra energía? De muchas cosas: la alimentación, el aire que respiramos y nuestra forma de respirar, el descanso, las creencias, las compañías, lo que leemos y vemos en televisión… y nuestros pensamientos.

   Aunque parezca mentira, nuestro cerebro piensa todo el día, sin parar, generando millones de ideas rápidas, improvisadas, que generan su propia energía y que nos van llenando por dentro, a veces hasta olvidar cómo realmente somos. Lo que habitualmente ocupa tu cabeza determinará en gran medida cómo será tu vida, tu estado de ánimo, tus ganas para salir adelante, tu actitud y en última instancia, las acciones que tomes.

   Así que hoy te propongo hacer una limpieza de tus pensamientos para eliminar la mayor parte de lo que te sobra: negatividad, prejuicios, críticas y pensamientos vacíos. A continuación, un decálogo (diez ideas) para empezar siguiendo los consejos de la coach norteamericana Tamara Star.

1.- Olvida lo que otros opinan sobre ti. Cada uno es como es y tú eres un ser único y especial en muchos sentidos. Lo que otros puedan pensar sobre ti es problema de ellos, no tuyo. Preocuparse por eso es una enorme pérdida de tiempo y de energía. Intenta ser tú mism@ y deja que los demás piensen lo que quieran.

2.- Intenta ser tú mism@. Volvemos a la misma idea. Nunca vas a complacer a todo el mundo y tampoco es necesario. Lo importante es gustarte a ti mism@, quererte y mostrarte al mundo tal como eres, con tus maravillosas virtudes y tus pequeños defectos. Trata de mejorar día a día y de ofrecer lo mejor de ti al mundo. Así atraerás a personas sinceras y abiertas que verán en ti todo lo que eres capaz de ofrecer.

3.- Deja el chismorreo. Todos nos hemos dejado llevar en alguna ocasión por el chismorreo, el cotilleo y la crítica a los demás. Abandónalo ya. Hablar mal de otras personas contribuye a llenar tu mente de basura, de energía negativa. Y te priva de enfocar tu atención hacia asuntos mucho más creativos, estimulantes y satisfactorios.

4.- No te preocupes. Es natural sentir temor ante los cambios y tratar de anticiparse a los problemas, pero no es bueno llenarse la cabeza de preocupaciones por cosas que aún no han ocurrido y que probablemente nunca van a ocurrir. Cuando se presenta un problema, afróntalo y busca una solución, no te centres en el problema, no te quejes, no te derrumbes. Simplemente, acéptalo como un reto y soluciónalo. No es necesario tener miedo ni preocuparse antes de que eso ocurra. La energía negativa que eso genera es incalculable.

5.- Seguridad en ti mism@. Todos tenemos complejos e inseguridades y nadie es perfecto, pero debemos enfrentarnos a la vida con las herramientas que tenemos, sean mejores o peores. La inseguridad te quita oportunidades y te empequeñece ante ti mismo. Olvídala. Intenta mejorar los aspectos que menos te gustan de ti mism@ y saca el máximo partido de aquello de lo que estás orgullos@.

6.- No te lo tomes todo de forma personal. Lo cierto es que la mayoría de las personas vive su propia vida y se preocupan de sus propios asuntos, así que no todo lo que ves y oyes va dirigido a ti. No personalices todo. El mundo no gira a tu alrededor y si consigues dejar de estar pendiente de lo que hacen, dicen o piensan los demás, tu vida será más feliz y más plena, porque podrás enfocarte en tus verdaderos intereses.

7.- Deja atrás el pasado. Llegados a cierta edad, todos tenemos una historia detrás, problemas que nos hicieron daño, personas a las que perdimos, humillaciones, recuerdos tristes, obstáculos que impidieron que lograrámos nuestras metas… solo los recién nacidos son un lienzo en blanco. Aprende a vivir con todo eso, pero no cargues eternamente con una mochila llena de penas y dramas, cada día más pesada, que te impide avanzar. Deja el pasado donde está, muy lejos. Toma nota de las lecciones aprendidas, libérate y mira hacia el presente, porque es lo único real.

8.- Aprende a manejar tu dinero. En esta sociedad consumista la publicidad nos vende la idea de que la felicidad se esconde en tal o cual producto. Todos sabemos que es falso, pero nos gusta creerlo y caemos en la trampa de gastar nuestro dinero en cientos de productos que, en efecto, no nos proporcionan ninguna felicidad. El dinero es importante, soluciona muchos problemas y aporta confort y bienestar a nuestra vida, pero evita desperdiciarlo en tonterías y céntrate en mejorar tu vida en los aspectos más básicos: salud, amistad, amor, cultura… Destina el dinero a las cuestiones importantes y duraderas.

9.- Controla tu carácter. Todos hemos estallado alguna vez y es natural cuando acumulamos malestar durante mucho tiempo. Es un error. La ira es un defecto que nos quita energía y nos deja agotados, además de contribuir a perder amistades y relaciones afectivas importantes. No lo permitas. Mejor analízate todos los días, antes de dormir, libera el dolor acumulado, perdona, olvida y supera las afrentas. Intenta ampliar tu contacto con la naturaleza, practica yoga y meditación y céntrate en lo positivo de ti mismo y de los demás. Poco a poco la ira irá desapareciendo de tu interior y aceptarás a las personas que te rodean con más paciencia. Antes de hablar, asegúrate de que lo que vas a decir aporta algo bueno. Si no es así, cállate.

10.- Olvídate de controlarlo todo. La vida es un cambio constante y a la vuelta de la esquina nos espera una nueva sorpresa. Es imposible controlarlo todo y además, aburrido. Deja un margen a la improvisación, al desorden, incluso al fracaso. No todo tiene que ser perfecto, somos humanos y fallar entra también en nuestra naturaleza.