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Cosas de segunda mano y Feng Shui


2010
07.29

   Seguramente has visto la película Notting Hill (ni no es así, te la recomiendo, es deliciosa). El film se desarrolla en Londres, en la bohemia zona de Notting Hill, donde todos los domingos por la mañana se celebra el famoso mercadillo de Portobello Road. Allí se dan cita decenas de comerciantes que sacan sus tenderetes a la calle para ofrecer toda clase de quincallería, la mayor parte objetos de segunda mano. Los aficionados a las antigüedades de escaso valor tienen allí un paraíso donde encontrar toda clase de cosas comunes en la era victoriana que hoy constituyen pequeños tesoros para exhibir en una vitrina, desde cucharas de plata hasta mapas, pasando por palos de golf de madera, balones de cuero cosidos a mano, fotos en blanco y negro y casi cualquier cosa, casi todas hermosas y llenas de encanto.

   Pese a lo mucho que puedan gustarnos este tipo de cosas, el Feng Shui no es demasiado amigo de los objetos de segunda mano. La clave está en la cantidad y la calidad de energía que ese objeto haya podido absorber durante su larga existencia.

   De entrada, no sabemos a quién perteneció y qué clase de ambiente se respiraba en la casa en la que pasó años y años. Yo soy firme partidaria del reciclaje de muebles y enseres, pues estoy convencida de que lo que para uno es un trasto viejo y feo, para otro es un tesoro art-decó para su salón. Yo misma he recuperado y restaurado varios muebles que hoy lucen espléndidos en mi casa y adoro pasear por Portobello buscando pequeños tesoros del pasado.

   No creo que haya que ser tajante en esto, como en casi nada. La clave está en el equilibrio. Si encontramos un objeto precioso, que nos enamora al instante, ¿por qué no comprarlo? Seguramente será fuente de alegría. Si no fuera así, siempre estaremos a tiempo de deshacernos de él.

   Hay quien afirma que las joyas antiguas pueden ser portadoras de energías negativas porque las piedras tienen el poder  de acumular Chi durante décadas y además son piezas que han estado en contacto directo con la piel de su propietaria, tal vez una persona desgraciada. Personalmente prefiero abstenerme de adquirir este tipo de piezas tan personales (lo mismo ocurre con la ropa y en general con los textiles, grandes acumuladores de Chi), pero no veo mayores problemas en comprar un cuadro, un reloj de pared o una pieza decorativa. En general lo que se percibe de estos objetos es armonía y belleza, así que podemos comprarlos con tranquilidad. Eso sí, en cuanto lleguemos a casa con ellos procederemos a limpiarlos bien y si queremos asegurarnos mejor, utilizaremos incienso para purificar el ambiente de la estancia donde vayan a exhibirse. Esta norma tiene una excepción: las armas. Ni antiguas ni nuevas, nunca deben ser bienvenidas en casa.